domingo, 7 de diciembre de 2014
NINATA RAWRARISICHUN (REVIVAMOS EL FUEGO)
HARAWIKUYNIYKU
Qayka
usuchikuytam apamuwarqanchik
Qonqaymanta
mana piniyuq rikurisqanchik.
Mana
uyarikuq qapariyniykuta uyarillawayku
Sinchi
wayra simiykuta opayachiptinpas.
Unaymi
upallalla llapa llaqtapa qayllanpaq opatukurqaniku.
Takipakuyniki
takim yaw harawiq
Illaq
wayrapa puyukllanta ripuchkan,
Muchuypa
karu qawanta
Mana
rimariqkunata nanachikuspan.
Chaymi
paykunaqa
Musqusqankupa
pachakutiqninta suyapayanku
Llaqtaypa
harawiyninwan.
NUESTRA
POESÍA
Cuánto
sufrimiento nos trajo
El
habernos vuelto parias de pronto.
Quienes
nos escuchan por favor oigan nuestros quejidos
Aun
cuando el ventarrón nos torne mudos.
Por
tanto tiempo permanecimos callados a la mirada de todos los pueblos.
Las
canciones que sueles cantar poeta
Están
viajando por el cenit del viento turbulento,
Muy
por encima de la miseria
Sensible
al dolor de aquellos que no pueden expresarse.
Por
eso ellos
Esperan
con ansiedad la revolución completa de los sueños
Con
la poesía de mi pueblo.
MANA
WAÑUQ
Manawañukuqmi
kani
Yaninmi
musquyniypi weqochuyki hina
Pampapi
uchkupuyki chayllapi puñuykachinaypaq.
Manaraq
wiñaypaq ripuchkaptikim
Uyaykita
kaq qawapayani,
Hina
kaqllam rikchakun
Paqarimuchkaq
qantu wayta niraq.
Chaypim
mayupa patanpi rikcharini
Tutayay
karupi waqachkaptin,
Kay
puñusqay qatuchataqmi
Purun
pumapa wiksan hina.
INMORTAL
Soy
aquel que no muere
A
veces en mis sueños cual tu panteonero
Cavo
tu tumba para ponerte a dormir en ella.
Cuando
aún no has partido para la eternidad
Vuelvo
a acariciar tu rostro con mi mirada,
Tiene
el mismo aspecto
De
la naciente flor de cantuta.
Entonces
despierto al borde de un río
Mientras
en la distancia llora la noche,
Y
esta chocita en la que duermo
Es
como el estómago del cerril felino.
TAKIY
Waytariq
takim kani
Guitarrapa
sonqunpi,
Wakiqnin
runapa siminkuna mana wañunan rayku takiq.
Runasimipa
mohunmi karqani pachapa qasqunpi,
Qespi
chulluq yarqapa patanpi,
Waytawan
qeqarasqa chakrapim
Tutan
tutan kallpakacharqani
Ninauruchakunata
qatikachaspa.
Llakikuypa
mitu mitu ñanninpim
Taririqani
huk yarawiqta,
Llaqtanpa
yarawinkuna takichkaqta.
Payqa
hatun qaqniy otaq illapu kaytam munanman karqa.
Hinaspam
tarirqanitaq
Aymarakunata,
ashaninka wawqenchikkunata,
Kikinkupa
siminkuta chinkananmanta waqaychayta munaspa
Harawiyninkunawan.
Pachapa
raprachasqan takim kani,
Tukuy
purisqaypim
Upallalla
chin qepanta rerqani,
Hinallataq
chawqasqa riymaypa qepantapas.
Muspay
rimayniypim
Sapallay
mana ima aparisqa,
Chaskapa
yupiynillan
Ankapa
hina qasquyki ukupi saqeykunaypaq.
CANTO
Soy
el canto floreciendo
En
el corazón de una guitarra,
Alguien
que canta contra la muerte de un idioma.
Fui
semilla quechua plantada en la tierra,
Libremente
junto al arroyo del deshielo,
En
un campo de colores
Solía
correr noche tras noche
Persiguiendo
luciérnagas.
En
los pantanos de la tristeza
Encontré
un poeta,
Cantando
poemas de su pueblo.
Él
hubiera querido ser trueno o rayo.
Luego
encontré también
Hermanos
aimaras y ashánincas,
Queriendo
salvar sus idiomas maternos de la extinción
A
través de sus poesías.
Soy
el canto a quien el tiempo le dio alas,
Toda
mi vida he caminado
Detrás
del silencio,
Y
de las bulliciosas palabras.
En
mi lengua desesperada
Caminante
y sin equipaje,
Sólo
para dejarte la huella de una estrella
En
tu corazón de águila.
MUSUQ
LLAQTANCHIK
Manaraq
punchaw achikyachkaptinmi,
Urpikuna
takiyninkunata qowanchik.
Llaqllaq
urpipa taqratataq tuspasqanmi uyarikun
Chay
sachapa puyukninmanta
Tapan
rurasqanpi,
Pichinkuchapas sachan sachan pawakachachkaptin.
Kay
urpikuna hinamPichinkuchapas sachan sachan pawakachachkaptin.
Ñuqanchikpas
takiyta qallaykunchik
Kaqmanta
llaqtanchikta wasichananchikpaq.
Chaynapi
hamuq pacha musuq llaqtanchik
Sonqunchikukumanta
pacha paqarimunanpaq,
Hinallataq
waranqantin yawarmasinchikpa llaqtankunapas.
NUESTRO
PUEBLO NUEVO
Antes
que nazca el día,
Las
aves nos dan sus melodías.
El
picotear sonoro de un carpintero
Se
oye desde el cenit de un árbol
Cuando
construye su nido,
Y
un gorrioncillo salta de rama en rama.
También
nosotros como estas aves
Empezamos
a cantar
Para
reconstruir nuestro pueblo.
De
modo que en el futuro nuestro pueblo nuevo
Nazca
desde el fondo de nuestros corazones,
E
igualmente los miles de pueblos de nuestros hermanos de sangre.
domingo, 6 de octubre de 2013
NIEBLA DE LAS PENAS, EN LA POESÍA DE NORA ALARCÓN
Dimas Arrieta Espinoza
En estos tiempos de modernidad y donde se hace a un lado las humanidades, una doble celebración nos motiva la aparición de un poemario como Malvas(Ediciones Casa tomada: 2013), de Nora Alarcón. Poeta que en nada nos hace sentir una voz de género, sino es el sentir y aliento de la poesía, esa fuerza verbal de una vida en cruzada firme con su realidad.
Por lo tanto, es un libro de poesía y no un poemario, rectificamos. No es una colección de los mejores poemas de la autora, que ha escrito en una época y se publican con un título sobresaliente, no, Malvas es más que eso. Está ensamblado bajo una unidad temática desde el primer texto hasta el último. Impactantes imágenes circulan y sugieren cada poema: “Tatuaste el olvido en un maguey / aparta de mí el viento que nos conduce al torbellino y al adiós.” (Pág. 12).
Hay que tener en cuenta que Nora Alarcón (Ayacucho, 1967), anteriormente ha hecho propuestas poéticas interesantes como Alas del viento (2000), Alas de soledad (2005), y Bellas y suicidas (2010), discursos que han diseñado estos logros, ahora con Malvas, donde encontramos los derroteros y búsqueda de una voz propia y personal. Creemos que, ahora la poeta ha encontrado el epicentro en su discurso poético afinado a su propia identidad cultural y literaria.
La maduración verbal, en un poeta, es una fruta cuya dulzura se siente y se logra con el ejercicio de los años. La poeta Nora Alarcón logra con su libro Malvas, disfrutar de esa delicia. Esos hallazgos idiomáticos de elevar una lengua hacia un altar privilegiado, es decir, lograr la vigencia y consistencia en el tiempo. Ese privilegio se puede obtener con el arte mayor que viene a ser la poesía. Como sabemos, lo mejor de una lengua y de una época se expresa en la magia de este viejo arte verbal.
Encuentros que potencian el idioma y fortalecen una tradición lírica como la peruana. El lenguaje, objeto y esencia de la poesía, recurre y conquista tamañas empresas, emprende proyectos verbales que singularizan una época, con sus tonos, con sus ritmos, que obedecen a esa buena madriguera verbal de un tiempo. El ejemplo más preciso lo apreciamos, con la publicación del libro Poetas peruanas de antología (Mascapaycha Editores 2009), del crítico literario Ricardo González Vigil, con más de 660 páginas y con una visión completa de la producción lírica hecha por mujeres en el Perú.
Con estos antecedentes, la propuesta de Nora Alarcón, responde a una poética de su tiempo, a sus vivencias y experiencias exprimidas de los de las oscuras épocas que le ha tocado vivir: “Allí yacerán mis huesos marcados por los gemidos, inundados / por su tromba de amor. / Hasta que se liberen los aromas de los jazmines” (Pág. 28). Hay versos cuya fuerza significativa y sus compromisos no están en los enunciados explícitos, sino en la provocadora sugerencia de un mundo implícito.
Está su pueblo, sus paisajes, (Ayacucho), la presencia de su padre (el Morochuco), como un diapasón que administra los tonos de cada texto en el libro. Se despiden ciertas nostalgias, el pasado que solo sirve de un aviso y referente para que no vuelva a su destino.
“En Ayacucho y sus calles yo tenía ganas de fundirme
con el calor o las palabras.
Devoré los poemas como las codornices los pétalos
de los geranios.
Recorrí muchos kilómetros sentada en una cabuya.
Solo para tenerte.
Al final de este tránsito llegué adonde las nubes se juntan y disuelven.” (Pág. 23).
Pero en todos los discursos está el amor, con diversos rostros de lo que fueron y son camino hacia el olvido. Por momentos es un libro duro, pero libertado en la esperanza, en un nuevo día alumbrado por el sol de la armonía. La tierra y los cielos ayacuchanos se dan cita en esta poética, a puro viento se hacen notar esas presencia únicas.
Los referentes regionales, los andes, el pueblo donde se desarrolló toda una infancia, se sienten hoy más que nunca y tienen presencia en este libro de poemas. Se suelda cuentas, se pacifican viejas heridas, se perdonan los sinsabores nacidos en las adolescencias porque son:
Niebla de las penas más duras, oculta de mí el abismo
de su ausencia.
Déjame soñar con las rosas de las lápidas.
Ayúdame a recordar mi propia muerte en tus ojos.
Yo lo adoraba, niebla mía, pero mi amor fue derrumbado
por la lluvia de su sonrisa suspendida que asfixia y parte.
Se fue con las calandrias y se convirtió en cenizas.
Ahora el polvo es su refugio.” (Pág. 27).
Por eso celebramos este libro de poemas, porque en todos sus textos se buscan nuevas imágenes en viejos tópicos.
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