domingo, 24 de mayo de 2009

ALBERTO LAURO


Querida amiga Nora: Remiso como he sido hasta ahora, y durante muchos años, a publicar mis versos, casi siempre por imperativo de amigos, no he podido dejar de complacerte cuando me has pedido un poema inédito para tu blog.

       En el número de este mes de la Revista Encuentro de la Cultura Cubana, que se edita en Madrid, en la que colaboro desde sus inicios, aparecerá mi poemario inédito íntegro Cartas no enviadas. Desde 1994 en que llegué a España como exiliado desde La Habana y la Editorial Betania dio a conocer Cuaderno de Antinoo, no he publicado poemario alguno aunque sí  han aparecido, muy esporádicas, colaboraciones mías en revistas y antologías de España, Estados Unidos, Colombia Y otros países latinoamericanos.

     Hace unos días, después de una sobremesa con buenos vinos y en compañía de nuestra amiga, la escritora española María Sangüesa, me hiciste reflexionar sobra la escritura y sus implicaciones. Ahora te respondo además con dos citas de autores clásicos, que quiero compartir contigo y tus lectores:

 

“Si yo escribo, ¿cómo lo recibirá la posteridad? Si un autor desde un principio teme decir algo que dura más allá de su propia vida y época, entonces, las cosas producidas por un espíritu tal serán necesariamente imperfectas y ciegas como abortos, no serán capaces de llegar a la perfección para asegurarse renombre en la posteridad.”

                                                         Longino (“Sobre lo sublime”, 14 y 30)

“Con que una vez algo haya sido puesto por escrito, las palabras ruedan por doquier, igual entre entendidos que como entre aquellos a los que no les importa en absoluto” 

                                 Platón  (“Diálogos: Fedro” 274c-275e)

   Es para mí un placer darte este poema inédito que en su día le dediqué  a la gran poeta, también peruana como tú, Blanca Varela, cuando invitada por la Residencia de Estudiantes de Madrid pude tratarle, aunque ya conocía su obra desde que muy joven encontré un libro suyo en una de mis dos estancias en la casa del poeta cubano José Lezama Lima. El texto forma parte del poemario Hijo de mortales, que aparecerá finalmente este año en Madrid. Los primeros textos datan de 1987 y los últimos han sido escritos recientemente. Gracias por tu amistad. Tu poesía tiene esa luz de tus ojos que brilla como fulminada paloma de luz, desafiando tormentas y huracanes, y lleva en cada pupila un diamante ancestral y virgen, que después de lunadas, resplandece cual rocío inmarcesible entre las ruinas incas.


NegritaNUEVAS CANCIONES DE ORFEO

                                             A Blanca Varela.

Yo

        Orfeo

Voy ciego y solo

Del fuego a la tiniebla

Del espanto al dolor

De la noche al cementerio

Del abismo al abismo del barro

           Sin cuerpo

                 Sin alma

Palpando con mis manos

Los huesos de otros que ya han muerto muertos

Alabando al sol

Con cristal de labios rotos

 

Yo

         Orfeo

Cantor de sombras

Hijo de sombras

Mendigo errante de las sombras

Busco a alguien entre brumas

Laberintos      cuartos oscuros     tinieblas

Preguntando qué es el amor

Dónde ha ido          fuego fatuo

Qué silencio lo sepulta

Yo que me he mirado en sus temibles ojos

Que estuve alguna vez vivo

Únicamente en ellos

Espero a qué cruel lazarillo

Para guiarme entre ruinas

Y tenderme trampas

Dádiva de anhelos insepultos

Imposibles sueños

 

Dirán

            Ahí va Orfeo

Antes brillante cantor

Virtuoso ejecutante de la cítara

Y el arpa de fiebre

El de la voz sublime

Ahora con lamentos

Aeda de lo Oscuro

Huésped del Hades

Príncipe de la soledad

Heredero del abandono

Y sólo las sombras

Saben que he amado

 

Qué hacer

Si el otros es ahora vacío

Cómo darle luz a la llama extinta

Con qué brisa alimentarla

Arrebatársela al hastío

Cuándo    dónde     por qué

Dije lo que no dije y sentí lo que sentí

 

Esculpir la estatua decapitada del amor

Esa mano cae

        Ese rostro es ausencia

Y olvido en el mar de la noche

Arrastra cuerpos

A la orilla de qué playas

 

En el deseo

Todos mis navíos se hundieron

Sin brújula

                 Sin Norte

Los voy reconociendo

Sólo veo náufragos

Sobre la arena

Las bocas de los muertos

Dicen mi nombre

Están cantando mi canción

Han hecho suya mi voz

Los siento    los oigo      los palpo

La ceniza del infierno es ya mi adiós

Y ese himno

Que olvidarán los hombres

Cuerpos dormidos

En los embates de la memoria de la sangre

 

Los cuerpos de los que amé dónde están

Cuándo se fueron

En qué arpía ahogan su furia

Negando a los que en otro tiempo

Me dieron su sed bajo la lluvia

La nieve       el fuego

Eran de hiel y rencor sus abrazos

Dónde has ido

      el esperado

Ahora que ya no intento retenerte

 

Despierto con sed

Con estos ojos de arena

Este rostro de madera carcomida

Y en mi alma el incorrupto diamante

Hallado en el desierto

Ilumina a Nadie

Hecho del crisol del carbón de mi destino.

Como pájaros huimos

Despavoridos      sin  mañana      sin sueño

Sin vuelo ya      ni aire

Flotando en la nada        la tormenta

Es el ojo de un inmenso ciclón

 

Qué espanto

La cercana primavera.

Como  inútil      absurdo

Torpe pájaro sin vida

Hablo aún mientras

Desnudo desciendo a los infiernos

Al Hades que es la ausencia

Cada día

            Cada instante

En que la estrella se apaga

En la baba del cíclope tuerto

Allí donde en silencio

Para siempre callarán

La voz

                El canto

                                La palabra.


ALBERTO LAURO, (Holguin,Cuba, 1959). Poeta y escritor. Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana. Bibliotecólogo. Dirigió en Holguin el Taller Literario “Pablo de la Torriente” (1981-1986). Trabajó como guionista de radio y televisión en el Archivo Nacional de Cuba y en el Museo de la ciudad de La Habana. Ha obtenido mención del Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1981), Premio Mirta Aguirre de poesía. Revista Muchacha, (1983). Mención y Primera Mención de poesía del premio El caimán barbudo, (1985-1986) Premio Literatura-86 de Poesía. Premio de La Ciudad de literatura para niños y jóvenes (1987 y 1989). Mención del Premio La edad de Oro. Ministerio de Cultura, (1989). Primera Mención del Premio LLama de Amor viva; Revista vivarium del Arzobispado de La Habana, (1991). Con poemas y artículos ha colaborado en Unión, Letras cubanas, El caimán barbudo, Santiago, La Gaceta de Cuba, Quimera (Barcelona), Diálogo (México), La Urpila (Montevideo)Linden Lane Magazine (New Jersey, Babel (Portugal), Cuadernos de poesía nueva (Madrid), Revue noire (París), entre otras. Autor del poemarioCon la misma furia de la primavera (1987) y de los libros para niños. Los tesoros del duende (1987) y Acuarelas (1990), todos premiados en Cuba. Además de la plaquette Parábolas y otros poemas (Barcelona, 1987). Aparece en las antologías de poesía editadas en Cuba: Como jamás tan vivo (1987), Andará Nicaragua (1987), Mi madre teje el humo de los días(1990) y en Un grupo avanza silencioso (UNAM, México, 1990), entre otras. Su ensayo “Eliseo Diego entre la penumbra y la luz” fue publicado en: Acerca de Eliseo Diego (Letras Cubanas, La Habana, 1990). Obtuvo el Premio Odisea de Novela con “En brazos de Caín” en 2004. Reside en España desde 1993

lunes, 18 de mayo de 2009

Cadenas de Voz, Alfa y Omega (mis poemas)

Negrita
CADENAS DE VOZ

I

El tiempo es testigo
Del destino hecho de instantes
Que alumbra la estación
Tras las huellas de una cabalgata

Y aún en el fragor de las distancias
Seguirá tu canto.

II

Tiene el rostro
Mojado en la penumbra
Con un cuerpo de una tonelada
Incapaz de moverse
Su mente escucha
tu música interior

Rescátala del silencio
Y será pluma danza agua
tu fuego final.

III

Llámame
Multiplícame con tus acordes
No seré otra si no tuya
en la marea

Acciona tus pensamientos
Que se escapan como el aroma de los leños
Árbol de las quimeras
en ataúd.

Que te importa si está desolado
Violencia de cal.
Ilusa eres como una pesadilla.

En el desierto
Se ahogaba esa semilla
Otros ojos la fecundaron
Encanto que la multiplicó
en poesía.

Águila de tierras fértiles y amargas
Ya no quiero tus alitas
Ni que me llames nunca
No me interesa tu voz.

Mi vuelo es una serenata a tus cadenas.



ALFA Y OMEGA

Un beso
Encadenó ríos
A un solo cauce
Amante de un curso
perdido entre las aguas

Quién estará ahora en la corriente
mientras ese gorrión
Fluye en otros escenarios

Deja, ya fueCursiva
nada se puede detener
No tiene remedio.

LOS  RITOS, JACK Y LA POESÍA

 Esta secuencia renueva mi espiritu al trascender y purificar  mi existencia en el tiempo junto con dos poemas mios Cadenas de Voz y Alfa y Omega . En dos  fotos me  acompaña mi entrañable Jack  (http://jackdisneyalarcon.blogspot.com/) 
que es el inicio de mi apertura  a mi amor de  madre con el que invento mil motivos para ser feliz  aun en la  distancia.

 El zorro le pidió al principito que: tenía  que ir  a las citas  a la misma  hora, pues "si vienes a horas  distintas, no sabré cuando empezar a preparar mi corazón... Los  ritos son imprescindibles.
- ¿ Qué  es un rito? - dijo el principito-
- Es algo también  ya muy olvidado - dijo el zorro-  Es lo  que hace que un día sea diferente  de los demás,  y una hora  de las otras.

 Los seres humanos  creamos, elaboramos, vivenciamos  ritos  que nos humanizan para celebrar nuestra existencia desde los detalles , nacimientos y muerte.  O el hecho de haber compartido tantas cosas o solo un día  juntos, un café, un vino, ver las puestas de sol y recordarlo  a la distancia   qué se yo... los afanes  de la comunicación o tal vez  todo lo que un día dejamos  pasar tristemente a pesar de tanto amor... condenado al olvido.   En fin o simplemente dándole la bienvenida a nuevas escenas en nuestras vidas.

        ¡Un brindis por los ritos!

                                                       Norita  Lucero por  siempre
            










martes, 7 de abril de 2009




MADRID: UNA CIUDAD, MUCHAS VOCES


Es una antología que reúne voces interesantes. Tiene una génesis muy singular. Todo empezó casi... en un bar donde estuve reunida con Juan José Soto que ya tenía la idea de hacer un ciclo de poesía , tras asistir a una lectura del poeta chileno Raúl Zurita en Casa de América, después de una tertulia donde estuvimos en octubre y tambien un reencuentro en enero con Oscar Pirot donde le comentamos el proyecto que le hacía ilusión a Juan José, alucinando un poco en como se llamaría en primer lugar el nombre del ciclo y luego la respectiva antología . A mi se me ocurrió algo como: Bajo la piel la de la palabra (algo que me sonaba bonito. Pero, que nunca me aclaré la autoría del verso). Existió otras frases de sugerencia en aquellas circunstancias como: La incandescencia del verbo; propuesta por Juan José que tambien fue descartada. En la clausura del ciclo Juan Soros me dijo: que le alegraba que Miguel haya participado en el prólogo ya que conocía a la mayoría de los poetas.

No creo en la democracia del arte sencillamente publico desde mi óptica personal al ser mi blog de autor. Además con todo esto recordé que Miguel en el 2004, escribió algo sobre mi libro y como no quisiera que se quedara en el desván de los olvidos , lo publico luego del exquisito prólogo de la Antología del ciclo Madrid: una ciudad,muchas voces. Finalmente mis flores de gratitud al iniciador de esta historia a Juan José Soto.


Poetas en Madrid

Este lazo poético que reúne a 19 vates contemporáneos de España, Perú, Argentina, Cuba, Chile y México, dentro del CICLO DE POESÍA HISPANOAMERICANA Y ESPAÑOLA, titulado “Madrid: una ciudad, muchas voces”, es la muestra palpable del hermoso fragor de una lengua, la lengua de Federico García Lorca, de César Vallejo, de Alejandra Pizarnik, de José Lezama Lima, de Pablo Neruda, de Octavio Paz. Es también el espejo que refleja, con “airado verbo” (cito una imagen de uno de los poetas antologados), el espíritu vivo de una ciudad cuyo hervor cultural trasciende, hoy más que nunca, toda frontera: Madrid (“rodeada de laurel infinito”, decía Neruda). Y estas son sus voces; voces que pueden hablar con dios en el metro, voces que hacen el amor en una habitación vacía, voces que nacen ante el mágico humo de una taza de café.

La poesía es lenguaje y el lenguaje es la casa del ser (Heidegger), y en esta casa encontramos distintos ámbitos en los que reconocemos diferentes tradiciones estéticas, las cuales han guiado cada registro personal. Estas vertientes poéticas son:

Poesía mítica y simbolista. En este grupo hallamos a Nora Alarcón, con una poiesis de los elementos que fluctúan en sus vaivenes temporales o cíclicos: “el viento secaba esas lágrimas/ siguiendo las huellas del reloj”, y en una dinámica con lo concreto: “sumergido en este galope sin estribos/ en un zaino desbocado de vacío”. El poeta Miguel Ángel Gara tiende a la reflexión: “Una sombra caía camino de la casa/ y puede que la sombra deslizándose/ fuera una sombra ajena”; la agudeza en la mirada aproxima lo vasto a lo terrenal: “La/ imaginaria/ forma de una gota/ evaporada y transportada/ del océano aún tibia a la palma/ de la mano, que un ojo imaginario mira/ fijamente”, he ahí el resumen de lo que es este arte. La poesía de Alberto Lauro gira en torno al tema del sentido de la vida; sus referentes son históricos, Delfos: “Cruzar el mar. Perdido en las ciudades. / Pasar entre las brumas la intemperie. / Inerme está el que para siempre escapa/ extranjero hacia la noche de las islas.” O Bizancio: “Un día amanecieron las casas desiertas, / los templos vacíos, / los pergaminos quemados. / El ejército enemigo/ había tomado mejores posesiones.” Juan Soto es un poeta marcadamente simbolista: “Poesía es una antorcha/ Enciende palabras/ Ojos inmóviles/ La ansiosa mirada de la muerte.// Encendido rayo cada verso/ En el naufragio de la noche”, vemos que sus visiones expanden nuestros límites hacia nuevos conocimientos.

Poesía del deseo y de la mujer. En Cecilia Quílez nos hallamos ante el cuadro de Venus, espejo que igualmente nos confronta y nos revela: “Veo ropa mojada que está sobre mi almohada/ y el rastro pegajoso de una caracola/ víctima de melancolía.” María Sangüesa se entrega al vertiginoso tema del amor: “Escucho un oscuro ruido de tormenta. / Dame tu mano, amor, de entre la niebla.” También nos hallamos ante lo mitológico, Lilith: “modelaré la arcilla de mi cuerpo/ rota, aquí, en mil fragmentos de quebranto/ y seré de nuevo hembra, aún en la sombra.”

Poesía existencial. En los poemas de José Luis Gómez Toré los objetos son dominios flagelados del tiempo, bajo tal rigor solo queda la redención o el desvarío: “Qué haremos con la luz, / con el olor que vierte/ como un perdón la lluvia, con el grito/ bárbaro del vencejo”. Oscar Pirot nos acerca con deslumbramiento a lo trascendente: “Del cenit al nadir/ cueva de aire/ la boca minúscula/ puerta de navajas/ inhala de un gesto/ el cadáver del día.” Juan Soros va directamente hacia las esencias, de ahí su poética ligada también al silencio: “Llevo muerte/ escrito en los ojos/ (abismos)”. Julio Espinosa Guerra nos envuelve en meditaciones en torno a las inmensas preguntas celestes: “El río/ no es dios ni río/ no pasa/ frente al ojo/ ni es el ojo// Nada ocurre sobre el río/ que el río no haya pensado antes/ Sólo el que naufraga/ y sobrevive a esta red/ sabe que hay otro reverso”. Iluminaciones presentes también en lo cotidiano: “Te metes en la bañera. La palabra agua poco a poco te cubre hasta el cuello. Y allí permaneces toda la vida. Hasta que la masa amorfa de tu piel se funde del todo, y la bañera, y el agua.” Luis Luna, no en ensimismamiento ni hermetismo, dialoga con su otredad: “Como un útero/ el cuarto/ te contiene/ (y que una voz te diga hacia los otros. Y que esa voz te calme)/ en el pronombre tú”.


Poesía urbana. Eduardo Fariña aborda la modernidad con una aguda ironía: “ENTRÉ a ese bar/ un día X de invierno en Zaragoza sin aguacero// ME FUI a 1 rincón poblé con libros la mesa y servilletas/ y lápices, novelas de escritores norteamericanos, poetas conosureños/ y algún sudafricano, postales y cigarrillos no faltaron”. Es una voz que se hace visible también en medio del tráfico: “un fragmento rodeado de nada/ a manera de insularidad que no mata pero/ hace más fuerte el nuevo paso”. En Jesús Malia la ciudad contrasta, choca, con la naturaleza perdida de sus habitantes: “Es un pozo sedente en el hombre su alma, / le echa amor y no colma, / le echa dios y no sacia.” Es así que volvemos al origen como salvación: “He salido a caminar como el árbol camina/ al hundir su raíz.” Eduardo Rezzano realza la crítica y la ironía: “7 jabalíes tomaron por/ asalto/ el Centro de Cazadores de La Plata”. Su lúdica voz logra cuestionar nuestras máscaras: “El señor Tinaja/ –cuando llueve–/ se sienta solo en/ el patio/ la cabeza erguida/ las manos en/ la cintura”. Diego Valverde Villena hace perenne lo transitorio: “A lo largo del viaje/ la mujer de tu vida se te escapa repetidas veces, / siempre en el lado opuesto de la vía”; y a veces esos viajes son interiores: “Ese mapa que me diste/ de tu corazón/ es como uno de esos mapas turísticos”. En Jessica Zorogastúa lo absurdo o fantástico se vuelve cotidiano: “Esta mañana he asistido/ a una rebelión infame de mis zapatos, / víctimas proclamadas de mi indecisión, / que, quemados en el asfalto de la anónima urbe, / cansados de correr sin rumbo fijo/ y prisioneros de unos pies toscos pero sin complejos/ han dimitido.” Antonio Ruiz Pascual aproxima voces peruanas (“Las calles tiemblan/ estallan los cristales de los edificios/ la gente se arrodilla sobre el asfalto”) con las de Madrid (“desnudemos Madrid deshojando sus calles, / desnudémoslo hasta que se quede tan desnudo como nosotros”).

Poesía de la memoria. Rodrigo Galarza nos entrega la crónica trágica de seres marginales: “los hijos del cobre/ salen del centro de la tierra// sacan a pasear la memoria de los ríos detenidos/ en las vetas de sus cuerpos / cuencos de ternura olvidada/ en ponchitos de vicuña// con la muerte entre los dientes”. Miguel Pastrana testimonia los instantes antes que sean devorados por el olvido: “Es cierto; era Madrid, madrugada/ de sábado a domingo, fin de Junio. / Y no había canales o palacios flotantes, / sino asfalto y calor, y borrachera/ solitaria// Pero también, en cierta forma, era/ Venecia, con balcón abierto, luz/ moteando la penumbra en la ventana”. Unos versos de su poema dedicado al poeta Antonio Machado tal vez resume el significado de esta reunión de voces en Madrid: “Valió eso, poeta, capitán/ de ciudadanos, hombre alerta/ detrás del sueño. / No hay muerte: espera. / Tu palabra alza un muro/ de claridad.”

Sí, la palabra alza un muro, pero de claridad, de libertad, y aquí tenemos a los que la trabajan, en un coro de voces, en un muro hecho de una sola lengua; la lengua del Arcipestre de Hita, de Sor Juana Inés de la Cruz, la de todos los que caminan, luchan y sueñan en Madrid. La poesía nos ha convocado. Aquí el lector encontrará su voz.


Miguel Ildefonso
Lima, miércoles 4 de marzo de 2008



ES LA POESIA QUE NOS INVADE


Alas del viento de Nora Alarcón

Orfeo, poeta y músico griego, hijo de Apolo y de Clío podía hacer, con el sonido de su voz y de su lira, que los ríos suspendieran su curso y las fieras se amansasen. Sobre este dominio del arte sobre la naturaleza se basa Alas del viento para hablarnos del antiguo mito del amor. El amor como una lucha entre los elementos. El viento es fuerza, pasión; las alas precisión, equilibrio, arte. Basta saber que el amor es misterio para no pretender hurgar demasiado en sus fondos, porque si no se lo puede perder, como sucedió con Orfeo al romper la prohibición y mirar el rostro de su amada Eurídice antes de salir de los infiernos. El misterio del amor es, precisamente por esta condición, lo que da poder al poeta y a los amantes, para conseguir el vuelo, para la elevación. Lo decía el Albatros de Baudelaire. El viento ocupa el espacio de la eternidad, en donde se quiere permanecer; mientras las alas ocupan el espacio poético, donde aquellas aves danzan, como versos, a la caza del silencio en el papel. Ambos espacios se conjugan en la palabra y en el fuego. Pasión es el fuego, mesura la palabra. Poesía simbolista la de Nora Alarcón; poesía que trasunta del templo de la naturaleza, o la contemplación o las correspondencias, hacia los campos épicos de amor y muerte, con una voz auténticamente lírica. El arte y el amor son un don, nos dice la poeta, pero agónica es la lucha por trascender nuestra materialidad y temporalidad. Por la poesía y su levedad, nos liberamos de las cadenas del dolor de existir y de nuestra condición solitaria de seres perentorios. Y es por todo ello que el caballo alado de la poesía ha colocado a Nora Alarcón en un buen sitial dentro del espectro poético peruano más reciente.

Miguel Ildefonso
Apolo, Noviembre, 2004